Un sueño hecho realidad

Esta historia es una de amor, determinación y persistente lucha por llevar adelante un sueño, el de la felicidad. Comienza a fines del Siglo XIX en Inglaterra, donde una joven pareja -Percival y Jessie Masters- emprende el desafío de migrar rumbo a Buenos Aires para continuar viaje hacia la, entonces, inhóspita Patagonia Austral. En sus principios vivieron en una estancia cercana a Cabo Vírgenes (costa sudeste de la Provincia de Santa Cruz), donde Percival desempeñaba tareas con las ovejas y de carpintería. Fue allí donde se agrandó la familia: llegó, en primer lugar, Herbert (1902) y luego Elinor Cristina (1904). Decidieron para entonces dirigirse hacia el oeste, en donde tendrían la posibilidad de continuar con el trabajo ovino; se establecen en la zona del Lago Argentino, cercano al Cerro Frías.

Percival Masters

Jessie Masters

Herbert Masters

Cristina Masters

En 1910, y luego de haber tenido la intención de establecerse en El Calafate sin éxito, Percival ysufamiliaseafincaenPenínsulaAvellaneda,llevandoadelantelacríadeovejas en Península Herminita. En el 1913 decide finalmente poblar el Valle del Río Caterina… la Estancia Masters se hace realidad. En principio se refugian en tiendas de campaña hasta que levantan su primera construcción precaria de piedra y barro. Crearon jardines y huertos, plantaron álamos para refugiarse del viento… su sueño estaba comenzando a tomar sentido.
En 1916 Herbert es enviado a Buenos Aires para continuar con sus estudios, mientras que llega a la Estancia Fred Wilding- hermano de Jessie, para ayudar a Percival a levantar la Estancia. Contaba para ese entonces con 12000 ovejas, dos lanchas a motor y dos chatas para trasladar la lana. Diez años después, la familia Masters contaba con 22000 mil hectáreas en su haber, incluida Península Herminita.
Para vencer el aislamiento instalan una estación de radio que les permite comunicarse con el mundo.
Cristina resultaba ser una niña activa e inquieta. Ayudaba a su padre a conducir los arreos y a los peones en las faenas diarias. En una oportunidad, durante “un día de muchas lluvia volvió a la casa con un fuerte resfriado. Eso no le importó y volvió a salir. Nunca se pudo recuperar”. El diagnóstico empeoró y, en 1924, a los 20 años de edad fallece de una neumonía.

Desde entonces la Estancia Masters fue rebautizada como Estancia Cristina, en honor a la memoria de la única hija del matrimonio Masters.
Con el fin de ayudar a Jessie en sus tareas diarias en la Estancia, llega en el año 1966 a sus vidas Jannet Herminsgton, quien se adapta y enamora rápidamente de este valle. Pero en los años setenta fallecen quienes serán los fundadores y creadores de este sueño eterno: Jessie y Percival Masters, quedando solo Jannet y Herbert a cargo del ganado y el lugar.
La familia Masters supo transformar este rincón inhóspito y desolado en un pequeño paraíso. Compartiendo el gusto por la naturaleza y la buena compañía abrieron las puertas de su casa a exploradores y científicos tales como el Padre De Agostini y Eric Shipton quienes se aventuraban a la entonces inexplorada frontera de campo de hielo. Con 80 años, Herbert toma la decisión de contraer matrimonio con Jannet. Además de disfrutar de compañía y cariño, Herbert quiso que ella pudiera continuar con este legado. Dos años más tarde, Herbert fallece. Janet, con el acuerdo de Parques Nacionales decide dejar la extinta actividad ganadera y utilizar la estancia con fines turísticos. Se trabaja junto a Parques en el primer programa de recuperación de flora y fauna nativa.
En el año 1997 Janet fallece y la sociedad por ella fundada continúa con el emprendimiento turístico. Desde entonces, Estancia Cristina comparte con todos nuestros huéspedes y visitantes la ruta que aquella familia de pioneros logró conquistar con tanto esfuerzo y dedicación… pero sobre todas las cosas amor y pasión.